
Fuese entonces tu ausencia el atajo seguido por mi desfallecido ser al lúgubre interior de un alma rota, saborearían al fin mis marchitos labios el beso gélido de la muerte y sucumbirían mis restos en la laguna de la perdida mirada de mi ultimo atardecer; navegaría errante mi mente por el laberinto eterno de la locura, y la ultima gota de mi voz seria vaciada en la botella del licor mas amargo que fuese tu olvido.
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