Fue cobardía acaso o el amor hacia este mundo fue mayor?, en su mente los reproches no cesaban, traidor, traidor, traidor, repetía entre sollozos Mateo, su cuerpo inclinado y apoyado a aquella pared oscura del cuarto dejaba ver no solo su torso desnudo, también su afligida alma, el verde manto que cubría sus piernas no era suficiente como para esconder su dolor, buscaba ocultar su vergüenza tras sus castaños cabellos, mientras sus temblorosas manos hacían de pilares para tan sufrida mente, y el destello de la luna vertido sobre él desde esa vieja ventana era su mayor verdugo.
Un flash constante de la cámara cegaba cualquier intento de ver los cuerpos desangrados, dejando solo espacio para contemplar las tres dagas ensangrentadas frente a Mateo.
Llévenselo – ordeno una voz ronca, perteneciente al detective, creo que ya ha hecho suficiente.
Suficiente, pensó mateo, dirigiendo su vacía mirada a los dos policías que lo arrastraban hacia el patrullero. – te juzgaran como mayor por este crimen muchacho, mínimo 3 años en prisión.- dijo uno de los policías.
No cumplir con el pacto que hicimos entre los cuatro, no haberme suicidado, mi crimen fue amar la vida, pero nadie me creerá, nadie lo entenderá, se repetía mateo mientras el eco de la sirena de policía congestionaba su ultima noche de libertad.
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